Preguntas frecuentes sobre la anestesia
Las dudas sobre la anestesia son de las que más pesan antes de una cirugía, y casi nunca se preguntan en voz alta.
El Dr. Javier Hernández Laforet, jefe de nuestro equipo de anestesia y reanimación, responde a las que más se repiten en consulta.
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Pacientes de toda España confían en nosotras
Sobre la anestesia
Cualquier procedimiento con sedación o anestesia general necesita un ayuno previo. Habitualmente son unas seis horas, tanto de sólidos como de líquidos. El motivo es sencillo: mientras estás dormida se pierde el mecanismo natural que impide que la comida o el agua pasen a la vía respiratoria. El ayuno es, simplemente, una medida más de seguridad. Te confirmaremos la hora exacta en el preoperatorio, para que no tengas que calcular nada por tu cuenta.
No, y nuestra recomendación va más allá del mismo día: lo ideal es dejarlo al menos una semana antes. El tabaco irrita las vías respiratorias, y eso puede dar problemas en el momento del despertar —picor o dolor de garganta, broncoespasmo— además de complicar la extubación. También se sabe que interfiere en la cicatrización, así que afecta directamente al resultado de la cirugía. Si te cuesta, dínoslo: es mejor hablarlo que ocultarlo.
Impedir, prácticamente ninguno. Sí hay fármacos que conviene retirar unos días antes, y situaciones en las que preferimos posponer la intervención hasta poder hacerla con total seguridad. Por eso en el preoperatorio revisamos toda la medicación que tomas junto con los resultados de la analítica. Es el momento de contarnos todo, incluidos suplementos, herbolario o anticonceptivos: nada de lo que nos digas va a sorprendernos, y sí puede cambiar cómo planificamos tu cirugía.
No hay ningún problema: la menstruación no afecta a la seguridad de la anestesia ni aumenta el riesgo quirúrgico. Lo único a tener en cuenta es que en el postoperatorio puede haber algo más de inflamación y, con ella, más molestias durante los primeros días, sobre todo si sueles tener reglas dolorosas. Coméntanoslo el mismo día y ajustamos la pauta de analgesia. No es motivo para aplazar nada.
Cada caso se valora de forma individual, según la cirugía que vayamos a hacer y también según cómo llegues tú: hay pacientes que necesitan más acompañamiento que otras y eso también cuenta. Lo habitual es la anestesia general. Antes de entrar a quirófano te cogemos una vía, y a través de ella administramos la medicación ya dentro, hasta que te duermes y empezamos. En intervenciones que lo permiten, trabajamos con sedación o anestesia local.
Sí. Los fármacos actuales y la monitorización continua durante toda la intervención han convertido la anestesia general en un procedimiento con un margen de seguridad muy alto. Aun así, no damos nada por hecho. Antes de operarte hacemos un preoperatorio completo con analítica, radiografía y electrocardiograma, que valoro personalmente; si aparece cualquier alteración, la intervención se retrasa hasta resolverla. Y operamos en hospitales con todas las medidas de seguridad, tanto en quirófano como en las unidades de control postoperatorio.
Es una de las preocupaciones más habituales, y también de las que menos fundamento tienen. El despertar es inmediato al terminar la intervención: los efectos de la anestesia se mantienen solo unos minutos más. No vas a tener sensación de «volver» poco a poco ni de haber perdido tiempo. Simplemente, te dormiste y ya está hecho.
El dolor es una experiencia subjetiva: la misma cirugía puede resultar muy molesta para una persona y perfectamente llevadera para otra. Lo que sí podemos garantizarte es que no vas a estar sola con él. Existe medicación para controlarlo, y el equipo de anestesia lo vigila tanto durante la intervención como después, ajustando la pauta para adelantarnos a las molestias en lugar de ir detrás de ellas.
La anestesia se elimina principalmente por vía hepática. No se elimina por la orina ni, desde luego, vomitando. Las náuseas que a veces aparecen vienen de otro sitio: de la medicación que usamos para que no te duela, que puede provocarlas como efecto secundario, de las horas de ayuno o de una tensión baja. Son molestas pero previsibles, y por eso pautamos medicación en el postoperatorio para evitar que aparezcan.
Los fármacos que usamos, sobre todo los del control del dolor, pueden dejar efectos durante algunos días: náuseas, sensación de debilidad, notarte un poco «rara». Es normal y lo tratamos. Lo importante es que no te lo guardes: cualquier síntoma que se mantenga en el tiempo o que te parezca extraño lo revisamos de inmediato. Preguntar de más nunca molesta.